1. Introducción
El concepto de calidad de las aguas ha superado actualmente su concepción puramente físico-química (todavía muy habitual en algunos textos) para dar paso a una concepto mas global, que integre todos los componentes del ecosistema acuático. En la reciente propuesta de Directiva Marco sobre el agua (COM(97) 49 final) aprobada por el Parlamento Europeo, el concepto de calidad de las aguas se transforma en la medida del estado ecológico. Este concepto no está aun totalmente definido y la propuesta de Directiva Marco nos remite al desarrollo posterior de la directiva, que deberá concretarse en el reglamento que ya se está empezando a perfilar. Uno de los aspectos clave en que insiste la Directiva, es en que su aplicación deberá hacerse teniendo en cuenta la Cuenca Hidrográfica como unidad.
En cada cuenca hidrográfica la determinación del estado ecológico deberá hacerse de acuerdo con unas condiciones de referencia a las cuales deberán compararse los datos de los diferentes ecosistemas acuáticos de la cuenca de características similares (ríos, lagos, embalses etc..). La misma directiva establece como factores esenciales para el cálculo del estado ecológico de las aguas, a las comunidades de organismos y, por ello, la calidad biológica tendrá un papel preponderante en la delimitación de los niveles de estado ecológico de los ríos, lagos y embalses de un territorio, sin olvidar las características físico-químicas y otros componentes del sistema, como las riberas.
Asimismo la propia propuesta reconoce la dificultad de establecer un sistema uniforme para toda Europa y remite a las diferentes cuencas hidrográficas a la búsqueda de un sistema que sea representativo para su cuenca y a la vez comparable entre cuencas.
Es necesario, pues, realizar estudios en las diferentes cuencas españolas para establecer los términos de referencia en cada una de ellas y las diferencias que dentro de cada cuenca puedan producirse por factores climáticos, geográficos, geomorfológicos o biogeográficos en cada uno de sus diferentes tipos de ecosistemas acuáticos (lagos, ríos etc..).
Una vez reconocida la Cuenca Hidrográfica como unidad de estudio, el primer paso, antes de calcular su estado ecológico, es un análisis preliminar para conocer hasta que punto las características de la cuenca pueden ser consideradas uniformes y, por ello, se puede establecer un único criterio de gestión y objetivo de estado ecológico o hay que subdividirla en un número (que no debería ser excesivo) de subunidades que permitan una comparación más efectiva entre los diferentes tipos de ecosistemas. Así, por ejemplo, podemos tener diferentes subconjuntos de ríos (de alta montaña, de llanura etc..) que, al ser muy diferentes entre ellos, por sus características geomorfológicas, de tamaño, corriente, características físico-químicas etc., no puedan compararse directamente. En este caso los criterios de gestión deberán ser forzosamente algo diferentes para cada uno de los subconjuntos.
La cuenca del Ebro es suficientemente extensa y variada topográficamente, estructuralmente y climáticamente como para tratarla como una sola unidad. En ella se pueden encontrar diferentes tipos de lagos, lagunas, o ríos. Por ello comparar directamente las características bióticas y abióticas del río Ebro, por ejemplo, en Tortosa con las que existen en la cabecera del Ésera, y transformar esta condición en un valor de estado ecológico, puede ser complicado y dar resultados erróneos, ya que los dos tramos no son comparables por sus caracerísticas fisiográficas. Parece pues razonable una subdivisión en unidades que presenten características más homogéneas respecto a los parámetros que estructuran y organizan las comunidades acuáticas y terrestres y que permitan una comparación de las mismas de forma más correcta. Por ejemplo, podemos comparar los ríos de montaña entre sí aunque estén muy alejados (la cabecera del Segre o la del Aragón), y los de llanura entre sí, y establecer para cada uno de estos subconjuntos unos criterios de gestión y conservación adecuados a sus características particulares.
La aproximación a esta subdivisión de la cuenca en subconjuntos se podría realizar con el concepto de ecoregión. Las ecoregiones se definen en base especialmente a la vegetación y los tipos de suelos, pero usando también la climatología o la geomorfología. Las ecoregiones presentes en la zona de la cuenca del Ebro van desde las praderas alpinas (M221) hasta estepas de clima seco (M330) con diversos subtipos y la predominancia de los regímenes mediterráneos (M260) (los números corresponden a la clasificación de Ecoregiones de la Tierra según Bailey (1989).
Sin embargo, esta subdivisión no puede ser adecuada para los ecosistemas fluviales ya que algunos factores muy importantes en los ríos como la hidrología no se consideran en la definición de la ecoregiones basadas especialmente en la vegetación terrestre, por ello para regionalizar los ecosistemas acuáticos de la cuenca del Ebro, y particularmente los fluviales, habrá que buscar aquellos criterios que nos diferencien grupos de ecosistemas acuáticos, y particularmente de ríos, con características similares.
Por ello no usaremos el concepto de ecoregión definido según el sistema tradicional, sino estableceremos una regionalización basada en los parámetros que son relevantes para la organización de las comunidades en los ríos. Esto supone dividir la Cuenca del Ebro en unidades que sean lo suficientemente homogéneas entre ellas y a la vez distintas de las otras. En nuestro caso lo aplicaremos a los ríos de la cuenca.
Para el establecimiento de las regiones de ecosistemas fluviales dentro de la cuenca del Ebro se dispone de la base de datos de la Confederación Hidrográfica del Ebro con las características de la cuenca que esta contiene, agrupadas en bloques pertenecientes a la geología superficial, la climatología, la morfología, el mapa de usos del suelo, junto con sus coordenadas geográficas. No serían pues unas ecoregiones en el sentido estricto sino regiones hidrológicas, y este es el nombre que usaremos para su caracterización a partir de este momento.
El objetivo del trabajo es, pues, establecer una regionalización de los ecosistemas fluviales de la Cuenca Hidrográfica del Ebro, usando los parámetros fisiográficos de la misma. Una vez realizada esta subdivisión, hay que ver si la distribución de la fauna dentro de estas regiones y las características fisicoquímicas de las aguas coinciden, son coherentes y, por lo tanto, el marco físico determina un marco químico y biológico propio para cada región. Para establecer esta relación se cuenta con los datos de la base de datos de calidad de las aguas de la CHE y los inventarios de familias de macroinvertebrados de más de 400 estaciones de la Oficina de Planificación Hidrológica. Con estas dos bases de datos se comprobará la coherencia de la regionalización física y se establecerán las regiones definitivas para las cuales habrá que fijar objetivos de gestión diferentes.
Al final del proceso se puede obtener un modelo predictivo en el que, a través de las características fisiográficas de un punto determinado de cualquier río de la Cuenca, se podrá deducir la región a la que pertenece y cuales deberían ser las características físico-químicas y biológicas esperadas de acuerdo con los datos disponibles en la base de datos (familias de macroinvertebrados y parámetros físico-químicos relevantes). Con ello se podrán fijar objetivos de calidad biológica de las aguas (por ejemplo valores del índice biológico BMWP' esperados) o de biodiversidad (número de taxones esperado) que podrían utilizarse como un elemento que sirviera para evaluar los caudales de mantenimiento necesarios aguas debajo de los embalses o azudes.
Estas técnicas de regionalización para fijar objetivos de calidad o características de las comunidades biológicas, han sido ampliamente usadas en ecología de ríos (Marshall, et al., 1996; Barbour. et al., 1996; Bernert, et al., 1997) y es de esperar que cuando se aplique la Directiva Marco sean necesarias para fijar los objetivos de calidad ecológica en las diferentes cuencas. Este trabajo pretende adelantarse a esta necesidad usando los datos de los que la CHE actualmente dispone lo que permitirá también constatar la bondad de los mismos y su utilidad en estos aspectos.
Este trabajo ha sido realizado por Narcís Prat (Catedrático de Ecología) y Antoni Munné (doctorando y licenciado en Biología), los dos miembros del Departamento de Ecología de la Universidad de Barcelona, por encargo de la Oficina de Planificación Hidrológica de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) a través de la Fundación "Bosch i Gimpera" y bajo la supervisión de Víctor M. Arqued, geólogo adscrito a la Oficina de Planificación (CHE). El trabajo ha sido revisado por Luís Pinilla, Jefe del Área de Calidad de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).